Capítulo 3
Aunque estábamos frente a una oportunidad
emocionante, nuestro grupo atravesó un fuerte momento de rechazo. No fue un
rechazo explícito, sino más bien una mezcla de inseguridad y falta de
organización mas que todo, teníamos muchas cosas que hacer tanto en esta
materia como en otras y sinceramente era agobiantes. Una vez que reconocimos
que debíamos crear un emprendimiento serio, surgieron los miedos: “¿Y si
nuestra idea no es buena?”. Cada integrante, desde su forma de pensar,
experimentó ese freno interno que caracteriza esta etapa del Viaje del Héroe..
Uno de los indicios más claros del rechazo
fue la incapacidad de decidir el tipo de negocio. Cambiábamos de idea
constantemente. Un día queríamos vender accesorios; al siguiente, productos
digitales; luego volvimos a lo gastronómico. Tal vez no era falta de
creatividad sino que era miedo a elegir y fracasar, perder tiempo, y tiempo era
lo que menos teníamos sobre todo con todas las materias que teníamos, una
semana, con solo una mañana y las noches para estudiar y hacer todas las materias
. Nos daba miedo apostar por algo y que después resultara no funcionar. En
parte, queríamos avanzar, pero también queríamos evitar el riesgo.
Otro indicio del rechazo fue la falta de
compromiso inicial. No nos reuníamos con frecuencia, y todo se sentía
improvisado. Había más confusión que acción. Incluso cuando tuvimos nuestro
primer nombre, “Heidi”, lo aceptamos sin entusiasmo real, y el rechazo que
generó en algunos integrantes evidenció que ese nombre no representaba una
verdadera decisión, sino un intento superficial de avanzar sin enfrentar el
verdadero desafío.
A nivel emocional, también hubo resistencia.
Emprender implica exponer ideas, equivocarse, corregir, volver a intentar. Es
mucho más fácil quedarse en lo conocido: cumplir con lo justo, hacer lo básico
y no arriesgar nada. Ese “querer pero no animarse” marcó esta etapa y mostró
que todavía no estábamos listos para cruzar el umbral.
Pero incluso dentro del rechazo, la aventura
seguía llamando. Aunque dudábamos, ya habíamos empezado a pensar “como
emprendedores”, ya discutíamos ideas, ya soñábamos con la posibilidad de algo
más grande. El rechazo no significaba que no quisiéramos emprender, sino que
necesitábamos reunir la fuerza suficiente para salir de la comodidad.
En resumen, esta etapa representó la tensión
entre el deseo de avanzar y el miedo a hacerlo. Pero esa tensión era necesaria:
era la prueba emocional que nos prepararía para los siguientes pasos.
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