Capítulo 2

 


 La llamada a la aventura llegó para nuestro equipo en un momento en el que, aunque estábamos rodeados de ideas sueltas y poca claridad, comenzábamos a sentir cierta inquietud interna. Ninguno de nosotros lo dijo abiertamente al principio, pero existía una sensación compartida de que ya no podía seguir siendo un trabajo más para cumplir. Algo tenía que cambiar. Fue entonces que la consigna de crear un proyecto propio empezó a resonar de manera distinta: dejó de ser una tarea obligatoria y pasó a convertirse en un desafío.

La llamada no vino de un gran acontecimiento, sino de un pequeño momento cotidiano: una conversación simple conmigo y Diana en la que surgió la pregunta ¿Y si lo relacionamos con los alfajores? Fue una chispa mínima, pero suficiente para comenzar a mover los engranajes.  A nosotras nos encantan los alfajores y al hacernos esa pregunta empezamos pensar e imaginar cómo sería “¿Te imaginas poder hacer tus propios alfajores como a ti te plazca?” estábamos creando algo que nos representaba, inmediatamente se lo comentamos al resto de nuestro grupo y les pareció buena, y de ahí surgió el aporte de Araceli “tal vez no solo alfajores, que también puedan hacer otros postres sencillos” y si, fuimos fusionando todas las ideas ideas y por fin creamos la idea central de nuestro negocio “Una pastelería donde además de ofrecer los típicos productos tradicionales de una pastelerías, los clientes tendrán la opción de hacer sus propios postres, y si no quieren o no saben, pueden darles indicaciones a nuestro personal personal” una pastelería pensaba para aquellos que aman la pastelería y no cuentan con un lugar adecuado o con los ingredientes necesarios.

Todo lindo, pero había otro factor, el tiempo. Los días avanzaban, se acercaban fechas importantes y nuestro profesor pedían avances concretos. Eso generó un pequeño choque emocional dentro del grupo. Sabíamos que no podíamos seguir posponiendo decisiones, ni descartando ideas sin profundizar. Era necesario elegir un rumbo. Esa presión externa nos hiso entrar en acción.

Pero la verdadera llamada, la más poderosa, fue interior. De repente, cada uno de nosotros empezó a imaginar cómo sería crear un negocio propio: elegir un nombre, diseñar un logo, pensar en productos, visualizar clientes. La idea de emprender comenzó.

Así, casi sin darnos cuenta, la aventura empezó a llamarnos desde distintos lugares: desde la exigencia académica, desde nuestras propias motivaciones internas, desde la necesidad de hacer algo que saliera de la rutina. Y aunque todavía estábamos llenos de dudas, ya habíamos dado el primer paso.

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